Viaje en avión civil a Marambio (1996)

Con un avión Beech Super King Air B200 (matrícula LV-WEW)

Autor: Carlos Fabián LUPIAÑEZ(*)

Tuve la oportunidad de viajar a la Antártida en septiembre de 1990 a bordo de un Hércules de la Fuerza Aérea Argentina, y desde ese momento me propuse volver como piloto.

En esa oportunidad, mi padre, como comandante de Operaciones de la Fuerza Aérea Argentina, había comenzado una política de confraternidad llevando en todos los vuelos a la Antártida a dos pilotos civiles, un día conversando me hizo la invitación, que yo soñaba, disfruté y aprendí mucho.

Siempre me interesó y atrajo la operación en la Antártida, sabía e investigué sobre lo cambiante de la meteorología en ese continente.

En esa oportunidad, arribamos a la Base Aérea Vicecomodoro Marambio un día de septiembre con cielo totalmente despejado, sin viento y temperatura agradable.
Como había que hacer otro cruce entre el continente y la Antártida nos propusieron pernoctar en la base, mi padre todo el tiempo decía que no, agradecía, pero insistía en volver y sobre el final aceptó y para mi total alegría nos quedaríamos a dormir, el día estaba tan lindo que el Hércules comenzó a hacer toques y despegues, la gente de la base casi diría que estaba en mangas cortas caminando por las afueras de la base, aunque nosotros tuviéramos el traje puesto.

Era el cambio de dotación, la actividad era mucha y los ánimos muy buenos, tuvimos la suerte que muchos nos explicaran, nos acompañaran en la recorrida y nos mostraran muchas cosas.

Cenamos, nos fuimos a dormir, nuestros cuartos estaban en otra edificación más pequeña y separada de la construcción principal de la base, donde están el comedor, las oficinas y el cuarto de estar o sala de reunión y juegos. Al otro día cuando salíamos de nuestra casita hacia el comedor de la base, tuvo que venir un vehículo a buscarnos, la visibilidad era mínima, el viento increíblemente fuerte, la temperatura inmensamente baja, mi padre nos miraba y nos decía: "Vieron, ¿ustedes creían que ayer era Antártida? Esto es, bienvenidos, roguemos que hoy entre el Hércules, sino prepárense para pasar una temporada aquí."

Gracias a Dios, el Hércules entro y volvimos habiendo vivido una experiencia increíble.

Cuando le comenté esa experiencia y las ganas de intentar ir con nuestra aeronave al señor Eduardo Tarditi, la idea le gustó y comenzamos a gestionar lo necesario para poder hacerlo.

Debo confesar que tuve el mejor asesoramiento posible, el de mi padre, que conocía, sobre todo, la operativa, la parte legal y normativa, por haber realizado muchos vuelos como tripulante de los C130 Hércules, como copiloto y luego comandante y la legal y normativa por haber sido comandante de operaciones de la Fuerza.

El 19 de abril de 1996 presentamos una nota solicitando autorización a la Fuerza Aérea y que nos informaran los requisitos necesarios para poder hacer dicho vuelo.

Lo primero que recibí fue el llamado del comandante de operaciones para tener una reunión en el Edificio Cóndor.

En esa reunión intentaron que desistiera por todos los medios, pero sabiendo que no podían prohibirlo, luego de esa larga reunión, muy amigable pero firme, comenzó el trámite administrativo correspondiente para algo que nadie había pedido hacer hasta ese momento.

El 22 de Julio de 1996 la Dirección Nacional del Antártico informó que autorizaba la operación, tras lo cual se comunicaron con nosotros, poniéndose a nuestra disposición en todo lo que necesitáramos.

Nos volvió a contactar la gente del Comando de Operaciones, que era la encargada de los vuelos a la Antártida, y volvimos a reunirnos con el Vicecomodoro Carlos TERÁN.

Hicimos una reunión muy amena y positiva, donde quedaron claros algunos puntos, por sobre todo y principalmente puntos que les diera tranquilidad a ellos que no íbamos a hacer nada que pusiera en riesgo la operación.

Él nos simplificó y nos ayudó mucho, contándonos experiencias, dándonos sugerencias de todo tipo que fueron realmente útiles en la programación del vuelo.

También nos dio el teléfono de la Base Marambio para que nos pusiéramos en contacto con ellos y de esa forma tener un dialogo más directo.

Me permito recordar que los teléfonos celulares eran caros y no muy comunes, de hecho, la base contaba con dos teléfonos para comunicarnos, uno general, y otro reservado solo para emergencias y el Jefe de Base, había horarios y días para comunicarse, ya que todo el personal de la base, si podía, lo usaba para comunicarse con el continente y sus familiares.

En esos meses también adquirimos los equipos térmicos más recomendados y aconsejados, el único ítem que descartamos y no adquirimos fue el de los trajes anti-exposición, que en un principio nos pidieron y luego de charlas y explicar el tipo de operación convenimos que no era necesario.

Como fecha tentativa, el viaje estaba previsto para fines de septiembre, sujeto a corrimientos a causa de la meteorología antártica tan cambiante.

Finalmente, por las comunicaciones recibidas de la base, y el seguimiento de la meteorología, propusimos intentar el cruce el 27 de septiembre.

Esta fecha fue seleccionada por algunas razones, en invierno las horas diurnas son mínimas o nulas, y nuestra operación debía ser diurna, en verano el problema principal está dado por la temperatura alta, por sobre 0° grados, ya que la pista es básicamente de cenizas volcánicas congeladas y si no está firme, el peso de la aeronave puede producir que se entierre y tengamos otro problema operativo, uno podía ser piedras filosas ocultas por debajo de la superficie.

Junto a los meteorólogos de la I Brigada Aérea de El Palomar, que son los que más conocían la meteorología antártica, durante ese año aprendí mucho y haciendo el seguimiento la definimos como la mejor semana para intentar el cruce.

El jueves 26 salimos de Don Torcuato rumbo a Ushuaia, luego de recibir el informe de pista de la Base Marambio, que reportaba buenas condiciones actuales y mejorando aún más para ese fin de semana.

Siempre mantuvimos contactos con la Base Marambio vía telefónica, con su Jefe, el Vicecomodoro José Oscar GARCÍA, quién nos aconsejó mantener el viernes 27 de septiembre de 1996 como fecha para el primer intento de cruce del Drake hacia la Antártida.

Teníamos en nuestra aeronave instalado un equipo de comunicaciones HF, con el cuál NUNCA nos pudimos comunicar con la base, ni en el vuelo hacia Ushuaia ni desde ahí hasta la base, pero eso es otra historia.

Estábamos nerviosos, tensos, pero pasamos una noche muy agradable.

La mañana se presentó espectacular, hacía más frio en Buenos Aires que en Ushuaia, tal es así, que cuando ingresé al desayunador con todo el equipo antártico todos me miraron raro, y yo transpiraba mucho y me reía de esa situación, Eduardo estaba con ropa normal, pantalón de corderoy y muy poco abrigo, bajo con el equipo antártico en la mano que prometió ponerse durante el vuelo, fuimos al aeropuerto iniciamos todos los trámites del vuelo y luego de confirmar telefónicamente con Marambio, nuestro destino, la meteorología, partimos de Ushuaia a las 8:00 hs.

Ascendimos hasta nivel de vuelo 330 y tras 2:40 hs de vuelo aterrizamos en la Base Aérea Vicecomodoro Marambio, de la Antártida Argentina.

El cruce del Pasaje Drake estuvo cubierto, pero llegando al Continente Blanco las nubes desaparecían y pudimos disfrutar de un espectáculo único.

Supongo que por la emoción de estar en tan remoto territorio y por lo maravilloso del paisaje, vivimos una sensación inolvidable.

El enlace con la base se realizó en un principio a través del "Águila", que es el DHC-6 Twin Otter, que cumplía tareas de enlace entre todas las bases antárticas, no solo las argentinas, y es considerado de vital importancia por todos los que se encuentran trabajando en dicho continente.

El mismo estaba cumpliendo una misión trasladando científicos entre la Base Marambio y la Estación Jubany (actual Base Carlini) y fue el primero que nos escuchó y transmitió nuestro mensaje a la Base Marambio, hasta que tuvimos contacto normal con ellos y nos confirmaron las condiciones meteorológicas, ya que en ningún momento tuvimos enlace con ellos vía HF.

Es muy lindo ver la península Antártica, los témpanos flotando sobre el mar, muy particular la llegada a la isla Vicecomodoro Marambio (Seymour) y la anterior isla Cockburn, tan pintoresca y característica de ese paisaje.

Muchos integrantes de la dotación nos estaban esperando en la plataforma para darnos una muy cordial y agradable bienvenida.

Obviamente que la temperatura durante el vuelo fue muy agradable, yo haciendo sauna con tantas capas y el traje antártico colocado y Eduardo muy cómodo y observando todo, entonces decidió cambiarse cuando hubiéramos aterrizado, yo me dirigí hacia atrás, abrí la puerta y me bajé a saludar a la dotación, dándole tiempo a él para que se cambiara, y al cabo de un minuto siento al jefe de la base decirle desde el píe de la escalera: "No no no, usted así no baja aquí, señor, estamos en la Antártida, póngase abrigo por favor", y la risa de Eduardo, diciendo que era la emoción, se cambió y bajo a saludar a todos.

Luego de las presentaciones de rigor y los saludos, nos guiaron hacia la sede de la base, mostrándonoslas instalaciones y comentándonos la tan importante tarea que ellos cumplen, los grandes y pequeños inconvenientes de la vida cotidiana que se sufre en tan remoto territorio, las anécdotas que sucedieron durante el año que llevaban en el continente, las condiciones meteorológicas tan extremas en la base, etc.

Entre charla y charla almorzamos con la dotación número XXVII (1995/96) y las cuatro horas que pasamos con ellos parecieron diez minutos.

Yo como recomendación operativa me había propuesto poner en marcha la misma cada 2 horas, entonces me dirigí hacia la plataforma, puse en marcha el King Air, lo tuve así unos 15 minutos y luego de detener los motores aprovechamos para hacerle un poco de combustible y así asegurarnos nuestro regreso.

Siendo las 14:40 hs emprendimos el regreso a Ushuaia, antes realicé un vuelito local, un circuito, con algunos miembros de la dotación, para que ellos volaran el avión y vieran la base desde el aire, luego de esto emprendimos nuestro regreso y llegamos luego de 3:30 hs. de vuelo.

El encontrarnos en el Continente Antártico nos produjo una sensación muy difícil de explicar, mezcla de emoción y placer, asombro y satisfacción, una cosa rara pero realmente gratificante.

Una frase que hay en el comedor siempre me llamó la atención y creo que así es:

"Cuando llegaste, apenas me conocías. Cuando te vayas, me llevarás contigo."

Es admirable la función que cumplen los ciudadanos que conviven durante mas de doce meses, en condiciones tan extremas, cumpliendo funciones humanitarias tan importantes, lejos de sus familias, simplemente por el hecho de hacer presencia en una porción del Territorio Nacional.

En lo personal, la Antártida tiene para mi un atractivo muy especial, algo difícil de explicar me une a ella, haciendo un poco de historia familiar tengo dos lasos, uno mi tío abuelo, el hermano de Don Kern, el Comodoro (R) Ervin Roberto KERN; él tiene dos hechos importantísimos, uno cuando formando parte como tripulante especial de la Operación Socorro, en un avión Avro Lincoln, realizaron el vuelo más largo, 21:50 Hs. arrojando los pertrechos necesarios para la reparación de los aviones que llegaron al Polo Sur el 28 de Octubre de 1965, y la segunda, siendo el Comandante del avión Fokker F27 que aterrizó por primera vez en vuelo desde el Continente inaugurando los vuelos con la Base Marambio el 29 de Octubre de 1969.

El otro mi padre, quien luego de la Guerra de Malvinas comenzó a volar los C-130 Hércules, realizando varios cruces al Continente Blanco y un sinfín de historias y anécdotas sobre esas operaciones.

A todos ellos nuestro más grande saludo, admiración y respeto. Sin ellos este vuelo no podría haberse realizado.

(*) Antecedentes del autor, ingrese a este hipervínculo: marambio.aq/biolupianez.html