Fundación Marambio
Visita de su Santidad
Juan Pablo II a la Argentina

1987

Mientras sobrevolaba la Basílica de Luján, le dijo al Comandante de la Aeronave, Comodoro Vianna: "La salvación del mundo partirá de la Argentina".

Cuando la Santa Sede decidió que se realizaría la visita del Papa a la República Argentina, solicito a las autoridades de nuestro gobierno le confirmaran quienes tendrían la responsabilidad de coordinación, seguridad y traslados dentro del país, de Su Santidad.

El Presidente de la Nación Dr. Raúl Ricardo Alfonsín dispuso que las coordinaciones las asumiera Relaciones Exteriores a través de la Secretaría de Cultos, en tanto la seguridad y los traslados serían responsabilidad de la Casa Militar de la Presidencia, los responsables directos serían el Jefe de Seguridad y el Director General de Aviones respectivamente.

Se formó un equipo de trabajo integrado por el Secretario de Cultos, Doctor Juan Carlos Palmero; el Jefe de la Agrupación Seguridad, Coronel Yago Degracia y el Director General de Aviones de la Presidencia de la Nación, Comodoro Alberto Vianna.

Un año antes de la fecha prevista para la visita, el Vaticano organizó una reunión preparatoria, a realizarse en la Santa Sede, con las partes involucradas en la coordinación de las actividades y viajes a desarrollar durante la permanencia del Papa en nuestro país.

En el mes de junio del año 1986, viajaron hacia Roma el equipo de trabajo; una vez arribados se reunieron con el Embajador Argentino ante la Santa Sede, Dr. Santiago de Estrada, ya que él se integraría al equipo de trabajo; siendo el interlocutor responsable el Padre Roberto Tucchi y las reuniones se realizaron en oficinas del Vaticano.

Durante una semana se reunieron diariamente, a fin de planificar, con lujo de detalles, como se desarrollaría la visita y cuáles serían los lugares a los que se debería trasladar a Su Santidad; finalizadas las reuniones, cada una de las partes tenía el primer borrador (tentativo) de las actividades a desarrollar durante los siete días de permanencia del Papa en Argentina, como así también el itinerario de los viajes a realizar.

El día miércoles, en la audiencia semanal, el Santo Padre compartió unos momentos en forma privada con el equipo de trabajo y les impartió su bendición.

De regreso a nuestro país se mantuvieron en contacto, los tres responsables directos ya nombrados, y fijaron las fechas de reunión para ultimar todos los detalles de la visita; se agregaron a esta agenda para las reuniones previstas al Nuncio Apostólico Monseñor Ubaldo Calabresi, quien fue el nexo con la Santa Sede.

La Dirección de Aviones coordinó con la I Brigada Aérea los traslados del Papa móvil, a efectuarse con aviones C-130 Hércules; con Renault Argentina la construcción de dos Papa móvil, de acuerdo con las especificaciones de seguridad dadas por los especialistas y las dimensiones que debía tener para permitir su traslado en el C-130.

En el mes de octubre arribó al país el Padre Roberto Tucchi, con el fin de realizar todo el itinerario previsto y visitar los lugares a los que iría el Papa, entre el 21 y 24 de octubre de 1986 cumplieron este cometido; coordinando que a su regreso a Roma seguiríamos en contacto con él, por intermedio del Nuncio Apostólico, para mantener actualizado el plan previsto y efectuar las posibles modificaciones que pudiesen surgir.

Para los traslados del Santo Padre configuro el avión Fokker F-28, matrícula T-02 de la flota presidencial, en la parte delantera se previó el sector de Su Santidad, del lado izquierdo se colocó una mesa de trabajo con cuatro butacas y a la derecha un sofá cama y una mesita de luz; detrás de la mampara se colocaron las 28 butacas para el séquito papal, presidido por el Cardenal Agostino Casaroli, Secretario de Estado de Su Santidad.

Como responsable directo de los traslados, el Director General de Aviones, Comodoro Alberto Vianna sería el Comandante de aeronave en todos los vuelos a realizar, como Primer piloto se designó al Subdirector de Aviones, Vicecomodoro Roberto R. Díaz, quien también realizaría todos los vuelos; el mecánico sería designado, por antigüedad, para cada vuelo y los auxiliares de a bordo rotarían, a fin de que todos tengan la oportunidad de asistir al Santo Padre.

El 6 de abril de 1987, a las 16:00 horas, arribó, al Aeroparque Jorge Newbery, Su Santidad Juan Pablo II, proveniente de la República de Chile, lo primero que hizo al descender del avión fue besar el suelo argentino.

El 7 de abril a las 08:20 horas iniciaron la primera etapa de una jornada realmente agotadora, el primer destino fue Bahía Blanca, donde arribaron a las 09:30; a las 12:30 despegaron con destino a Viedma aterrizando a las 13:10; a las 15:00 horas partieron con destino a Mendoza, aterrizando a las 17:00 horas; desde aquí partieron a las 19:30 horas arribando a Córdoba, último destino de este día, a las 20:30 horas.

En cada uno de estos lugares, Su Santidad Juan Pablo II, desarrolló una intensa actividad, no sólo escuchaba lo que el Obispo del lugar expresaba y observaba las diferentes representaciones que habían preparado en su honor, sino que él se dirigía a los fieles que esperaban su palabra; en Bahía Blanca habló de Vocación cristiana y cultivo de la tierra; en Viedma, de la nueva evangelización ¡Formación y espiritualidad! y en Mendoza, de La paz, don de Dios y conquista de cada día.

El Papa llegó a Córdoba para descansar y comenzar al día siguiente, a primera hora, otra jornada misionera-pastoral.

Antes de su última oración en la capilla privada de la Curia, salió al balcón para saludar a la multitud que lo reclamaba; tenía que estar sumamente cansado, después de tan largo y ajetreado día, era cerca de medianoche, le dio compasión de la muchedumbre y quiso hacerle la despedida menos dolorosa."

¿Cierto que en Córdoba de noche no se duerme?", preguntó.

"Sí, cierto", respondieron felices.

"¡Pero el Papa es normal y sí duerme...!", les dijo. Entre la risa general y una última bendición, dejó el balcón.

El día 8 comenzó muy temprano, a la 06:00 horas, oración y Liturgia en su cuarto; a las 08:10 entraba en la Catedral donde lo esperaban 300 enfermos, el Papa entró saludando, besando, dialogando y bendiciendo a cada uno de los enfermos.

Terminada su alocución continuó haciendo lo mismo, mientras se retiraba de la Catedral; parecía que no quería irse; que no tenía prisa.

De la Catedral se dirigió al Área de Material Córdoba, lo esperaba el Cardenal Raúl Primatesta que tuvo las palabras de salutación.

El Papa habló de La familia: amor, fidelidad, donación y responsabilidad; eran las 12:30 cuando terminó la acción litúrgica.

Un sencillo almuerzo y un breve descanso, para salir hacia la próxima escala; a las 15:30 horas despegaron con destino a Tucumán a donde arribaron a las 16:30 horas.

En la multitud que lo aguardaba se observó la misma fe y amor, la misma devoción y entusiasmo por ver, escuchar y recibir la bendición de Juan Pablo II.

Durante la celebración de la Palabra habló el Santo Padre y los fieles presentaron algunos dones y productos regionales, en particular la caña de azúcar.

Siendo las 18:10 horas, despegaron rumbo a Salta a donde arribaron a las 18:50; desde el aeropuerto trasladaron al Papa hasta el hipódromo Limache, a 9 kilómetros de la ciudad, donde tuvo lugar la acción litúrgica.

Terminada la celebración Juan Pablo II entró a la ciudad en medio de la alegría, la oración y los cánticos de miles de salteños. Cenó y descansó en la casa arzobispal.

El 9 de abril debieron demorar el despegue con destino a Corrientes debido a las adversas condiciones meteorológicas imperantes en dicho aeropuerto; cuando informaron que el aeródromo operaba por instrumentos decidieron iniciar el vuelo, arribando a las 10:10 en medio de un "diluvio", que no pudo impedir lo esencial del programa previsto; a las 11:00 horas Juan Pablo II estuvo en el lugar de la Celebración, distante 8 kilómetros del aeropuerto.

Pese a la lluvia se ofició la misa, de la que participaron unas 100.000 personas, que si bien no pudieron recibir el pan de la Eucaristía, no se vieron privados de la homilía del Santo Padre y de las palabras de elogio y admiración por la fe, resistencia y paciencia que habían tenido bajo la lluvia, que improvisó Su Santidad antes de retirarse. Culminó esta "original" escala de su peregrinar, almorzando y descansando un poco en el arzobispado.

A las 16:00 horas despegaron con destino a Paraná, donde arribaron a las 17:00 con cielo despejado y un esplendido sol; el Arzobispo, Monseñor Estanislao Karlic, le dio la bienvenida.

La aeroestación se convirtió en iglesia; una gran paloma de la paz fue signo especial en este lugar, una campana de bronce de 314 kilos, construida especialmente para esta ocasión por un artesano de Santa Fe, recibió y despidió a Juan Pablo II con su grave tañido. La cruz de la evangelización presidió el altar.

Monseñor Karlic, en grandes pinceladas, historió el origen de Paraná, la importancia de la provincia en formación de nuestra nacionalidad y el papel de los inmigrantes en ella.

La esperada palabra del Santo Padre sobre "el mundo de los inmigrantes", fue momento central en la ceremonia religiosa.

A las 19:00 horas, desde la ventanilla del avión, despegando hacia Buenos Aires, Juan Pablo II bendecía por última vez a sus hijos; había muchas lágrimas en los ojos.

A las 19:50 horas aterrizaron en el Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires, dando por finalizado este penúltimo vuelo de peregrinaje pontificio.

El día 11 de abril a las 08:30 horas despegaron rumbo a Rosario, iniciando lo que sería el último vuelo de este viaje pastoral al interior del país; arribando a las 09:10 horas.

La celebración eucarística se llevó a cabo en el Monumento Nacional a la Bandera, presidieron la ceremonia la cruz de piedra del monumento, la cruz de la evangelización y del otro lado del altar, la imagen de la Virgen del Rosario; el tema principal estuvo referido a los laicos: vocación y misión.

En la homilía el Santo Padre expresó:

"El Señor ha querido que vuestra vida se despliegue en medio de las realidades temporales, para que renovéis - con la libertad de los hijos de Dios - esa sociedad de la que formáis parte. En presencia de la Imagen coronada de la Virgen del Rosario, el Papa quiere exhortar hoy a todos los laicos de esta Arquidiócesis y de todo el país, a que sean fieles a su vocación cristiana y a su apostolado eclesial específico, de trabajar por la extensión del Reino de Dios en la ciudad temporal. ¡El Papa confía en los laicos argentinos y espera grandes cosas de todos ellos para gloria de Dios y para el servicio del hombre!"

Después de la Misa, Juan Pablo II rezó una plegaria en el Monumento a la Bandera pidiendo al Señor para que

"Este insigne monumento, lleno de patriótica significación, sea, con tu bendición, símbolo eficaz de la unidad de todos los argentinos..."

Antes de trasladarse al arzobispado, para almorzar y descansar, improvisó unas palabras de agradecimiento a todos y "... en modo especial a los inválidos a quienes bendigo de todo corazón".

Siendo las 15:40 horas iniciaron el vuelo con destino a Aeroparque, arribando a las 16:40 horas.

Durante el vuelo de regreso se aproximó a la cabina de vuelo Monseñor Eduardo Martínez Somalo, sustituto de la Secretaría de Estado, y le expreso al Comandante de la Aeronave, Comodoro Alberto Vianna el deseo de Su Santidad de sobrevolar la Basílica de Luján.

Ante este deseo el Comandante de la Aeronave solicitó la autorización correspondiente, al control de área, para efectuar el sobrevuelo y descender por debajo de 300 metros.

Una vez autorizado el mencionado se trasladó al sector papal para informarle al Santo Padre lo que harían y aprovechó, además, para conversar unos instantes con el Santo Padre, como lo había hecho en algunas etapas de los anteriores vuelos.

El tema se centró en las palabras dirigidas a los laicos, en su reciente homilía en Rosario; el Papa hizo hincapié en la responsabilidad que nos cabe y le expresó:

"Europa está muy desacralizada, ustedes deben perseverar en la evangelización y no bajar los brazos, la salvación del mundo partirá de la Argentina."

El Comodoro Vianna se quedó sin palabras mirándolo a los ojos, sorprendido con esta aseveración, ante su inmovilidad le tomó las manos y le dijo: "Quiero ver Luján".

El Comandante regresó a la cabina para iniciar el descenso y efectuar el sobrevuelo de la Basílica; el auxiliar de abordo informó, con posterioridad al Piloto y Copiloto, que durante el sobrevuelo, el Santo Padre acompañado por los Cardenales Casaroli y Pironio y Monseñor Martínez Somalo habían rezado el Santo Rosario.

Esta nota termina parafraseando al Cardenal Raúl Francisco Primatesta que dijo:

¡Dios quiera que todos seamos fieles a las gracias recibidas, en el breve, pero profundo, paso del Sumo Pontífice por nuestra tierra, y que recojamos - por intercesión de la Santísima Virgen - la advertencia de la Sagrada Escritura: "recuerden las maravillas que él obró..." (Sal. 104-5) y "nunca olvides sus beneficios" (Sal. 102-2)

FUENTE: Brigadier Mayor (R) VGM-EDB Alberto VIANNA

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